Nuestra Historia

Todo comienza en 1850, cuando la matriarca de la familia, Doña Casilda, adquiere la finca Cortijo El Tobazo. En aquel tiempo la finca se dedicaba al pastoreo, sin que hubiera todavía ningún olivo. Nuestra antepasada, visionaria, emprendedora y sobre todo una mujer adelantada a su tiempo, estableció un canon a cambio de que los ganaderos pudieran utilizar los pastos, debían plantar olivos. De esta forma consiguió el olivar del que ahora disfrutamos. Es por ello por lo que la mayoría de nuestros olivos son, no solo centenarios, sino que en algunos casos cuentan con cerca de 200 años, lo que hace que nuestros aceites sean diferentes y posean unas características de las que muy pocos pueden presumir.

Desde entonces somos ya 6 las generaciones que nos hemos encargado de su explotación. Para nosotros no es solo un negocio, es un legado, es una forma de vida que debemos transmitir a las futuras generaciones y que supone nuestra identidad y nuestras raíces. El respeto a la tierra, al medio ambiente y sobre todo al olivo, que nos da un producto tan extraordinario como es el aceite de oliva virgen extra, se encuentra en el primer lugar del ideario de nuestra familia. Fuimos olivareros, somos olivareros y seremos olivareros.

Primero generación: Doña Casilda

 

Hasta finales del siglo XX, como la mayoría de los productores en España, formamos parte de una cooperativa, donde la aceituna de más de 1400 socios se juntaba para producir aceite de oliva. Comprendimos, quizás animados por el espíritu de Doña Casilda, que el único camino si queríamos que la calidad y la excelencia primasen, pasaba por abandonar la cooperativa y lanzarnos a una aventura apasionante en la que todavía andamos inmersos.

En 2001 construimos nuestra propia almazara, convenientemente situada en el centro del olivar, junto al centenario cortijo familiar, donde ya pudimos dar rienda suelta al sueño de producir el mejor aceite de oliva virgen extra.

Desde entonces, no hemos dejado de innovar ni de buscar los mejores adelantos tanto para el cultivo como para la producción, aunando tradición e innovación.

Éramos conscientes de que estábamos ante un gran reto, pero también contábamos con dos requisitos indispensables para lograrlo: la pasión por el aceite de oliva transmitido de generación en generación y las características ideales de las que disfruta nuestra explotación, con unas condiciones climáticas y edafológicas envidiables.

Con un producto presente en el mercado desde hace casi 25 años, hoy Soler Romero se distribuye tanto a gran escala como en las mejores tiendas de productos delicatessen y de alimentación ecológica de más de 30 países, siendo un referente de calidad en el sector.

Soler Romero